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Santa Cruz de la Sierra, Santa Cruz, Bolivia
Las actuales generaciones de bolivianas y bolivianos tienen ante sí la responsabilidad histórica de combatir la pobreza y corregir las injusticias sociales y económicas que nos legaron casi dos siglos de demagogia populista,desde la fundación de la República. No pueden consumir sus energías en el aprendizaje estúpido de vivir en dictaduras, sean éstas de izquierdas, derechas, indígenas, campesinas o cualquiera que secuestre las libertades ciudadanas con disfraces democráticos.

miércoles, 2 de enero de 2013

Más dudas detrás de Ostreicher



De  acuerdo con información que circula en internet, Jacob Ostreicher, un neoyorquino de 53 años, es un empresario estadounidense, miembro destacado de la comunidad Judía ortodoxa de Borough Park, Brooklyn, Nueva York. Ostreicher, pertenece a un grupo de inversores  liderados por Andre Zolty, cabeza de la firma suiza Lexinter con sede principal en Ginebra y filiales distribuidas por Europa y los Estados Unidos. Tanto Ostreicher como Zolty son integrantes respetables de una comunidad que como la judía, posee innúmeros recursos de lobby y acceso a niveles de decisión política, habida cuenta de la sociedad estratégica conformada entre Israel y los EE.UU., surgida de un escenario de intereses geopolíticos, religiosos y económicos donde juegan papel fundamental los recursos energéticos de los territorios árabes, y el milenario enfrentamiento entre judíos y musulmanes que hostiliza la convivencia pacífica entre el Estado de Israel creado en la pos guerra, y los Estados musulmanes de corte radical. 


Ostreicher y Zolty gozaban y gozan pues, de fortalezas institucionales y políticas que eran conocidas por los sistemas de “inteligencia” del Estado Plurinacional. 


Los operadores políticos del gobierno boliviano -al igual que cualquier persona medianamente informada- consideraban que la inversión de 25 millones de dólares motorizada por Ostreicher desde 2008, en un emprendimiento destinado a la agricultura y la ganadería de alta genética en Santa Cruz, era la punta de lanza de un futuro flujo importante de capital privado. Que la economía cruceña fuera el único nicho con capacidad de captar inversión externa directa y fortalecerse, es algo que al gobierno produce escalofríos, pues el modelo productivo regional es el enemigo visible de la economía “andino-amazónica” que sustenta el “proceso de cambio” liderado por Evo Morales. De concretarse la inversión, ésta vendría a suplir la ausencia de políticas gubernamentales y recursos financieros de apoyo al sector, y de paso, fortalecer la economía regional duramente vapuleada por leyes que limitan la competitividad y productividad, los decretos sobre prohibiciones y cupos de exportación, la falta de garantías sobre la inversión, y la permisividad para con el avasallamiento de más de 52 predios productivos. 


Por ahí andaba, presenciando desfiles militares plurinacionales, firmando acuerdos secretos y enviando comisiones de asesoramiento en lechería, un actor ampliamente conocido por su antisemitismo y su  posición radical anti estadounidense: Irán, que se percató del flujo de capitales de origen judío hacia Santa Cruz, y de allí en lo adelante Jacob Ostreicher, tuvo que soportar más de 18 meses de privación de libertad, la incautación de sus bienes y propiedades, y en la práctica, la liquidación de sus inversiones, acusado de legitimación de ganancias ilícitas y organización criminal. Según los fiscales acusadores bolivianos, Andre Zolty también se encontraba bajo investigaciones en Suiza y según éste, invertir en Bolivia es más riesgoso que arar un campo minado.


¿Será que el gobierno del “proceso de cambio”, en ejercicio de esa peculiar manera de interpretar la “soberanía y dignidad” que preconiza Evo Morales actuó en obsecuencia con sus amigos iraníes en contra de Ostreicher y los judíos; cumplió con su objetivo de estrangular la economía cruceña, y de paso violó una vez más sus promesas discursivas de “anti racismo y anti discriminación”? De ser así, las decisiones que se tomaron no podrían provenir de los “mandos medios” como se pretende demostrar en las investigaciones.

Reportes de prensa indican que el 28 de diciembre Barack Obama firmó una ley “para intervenir contra la supuesta "influencia" de Irán en América Latina”. El despacho noticioso señala que “el Departamento de Estado debe preparar en 180 días una estrategia para conocer las inversiones, las actividades y las alianzas del régimen de Teherán en la región”. La legislación incluye vigilancia sobre inversiones y alianzas de la República Islámica en el continente. Y cuando el río suena…


Otra duda surge de la facilidad que tuvieron los “cerebros” de la urdimbre, para unir cabos de diferentes ovillos: narcotráfico (Maximiliano Dorado) con recursos financieros probadamente lícitos (certificados por la banca suiza). 


¿Será que el gobierno del “proceso de cambio” posee la capacidad para actuar en consonancia con los grupos de narcotraficantes boliviano-brasileños como el de Maximiliano Dorado para sacarse de encima eventuales adversarios? ¿O posee información privilegiada que no utiliza para su combate?  ¿A cambio de qué? 


Hay más dudas detrás del caso Ostreicher. Esperemos a Sean Penn.

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