Si
usted es un ciudadano oriundo de Bolivia, Ecuador, o Nicaragua, y quiere saber
lo que pasará en su país a corto o mediano plazo, mire atentamente lo que
sucede en Venezuela. Esto parece ser una ley de estricto cumplimiento para los
países militantes del llamado “Socialismo del Siglo XXI”, nacido a su vez del
Foro de Sao Paulo. Los firmantes de este último son tan variopintos como las
FARC y Tabaré Vasquez (ex Presidente de Uruguay); Lula del Brasil y Daniel Ortega
de Nicaragua; Evo Morales de Bolivia y Rafael Correa de Ecuador. Países tan
dispares entre sí, pero unidos sus caudillos por el apetito insaciable de poder
y un ejercicio político reñido con los principios democráticos más elementales.
Ello patrocinado por ingentes recursos económicos provenientes de las arcas
venezolanas; y las industrias del narcotráfico y el secuestro gerenciadas por
las FARC colombianas; todo monitoreado táctica y estratégicamente por los
equipos políticos de los hermanos Castro.
Aprovechando
los errores de un sistema político altamente cuestionado por su incapacidad de
solucionar los problemas sociales y económicos, bastó el viejo artilugio
populista de echar a pobres contra ricos para encaramarse en el descontento
popular y tomar por asalto el Estado de Derecho. Le siguió el diseño de
Constituciones a medida y la sistemática captura de los poderes públicos,
previo desmantelamiento de toda oposición.
Pues
bien, en este momento existe en Venezuela un enconado debate en torno a lo que,
en noviembre de 2007, Hugo Chávez pusiera a consideración para una reforma
constitucional: establecer el Estado del Poder Popular o Estado Comunal. Rechazada
la propuesta, el gobierno de Chávez se apresuró a promulgar las Leyes Orgánicas
del Poder Popular, de las Comunas, del Sistema Económico Comunal, de
Planificación Pública y Comunal, de Contraloría Social, y del Sistema de
Transferencia de Competencias y Atribuciones de los Estados y Municipios a las
Organizaciones del Poder Popular. La comuna según la Ley Orgánica del Poder
Popular es la “célula fundamental” del Estado Comunal, “el espacio socialista
que como entidad local es definida por la integración de comunidades vecinas
con una memoria histórica compartida, rasgos culturales, usos y costumbres que
se reconocen en el territorio que ocupan y en las actividades productivas que
le sirven de sustento y sobre el cual ejercen los principios de soberanía y
participación protagónica como expresión del Poder Popular, en concordancia con
un régimen de producción social y el modelo de desarrollo endógeno y
sustentable…” (artículo15.2).
Sí, leyeron
bien. Son las mismas comunas que Lenín soñara como instrumento para lograr
"la Dictadura Revolucionaria del proletariado y los
campesinos". Las comunas instauradas por Stalin en la hoy extinta
URSS, en 1930, y que ocasionaran la hambruna soviética de 1932 y 1933 con el
resultado de más de 20 millones de muertos. La misma comuna que generó el
trabajo en masa colectivo y que impuesta por Mao Tse Tung, llevó a más de 30
millones de chinos a la muerte por hambruna. La comuna que tiene a Cuba
importando el azúcar que años atrás exportaba.
En
Bolivia, tal proyecto no precisó de una segunda instancia pues la Nueva Constitución
Política del Estado lo incluyó en el “TÍTULO VI de PARTICIPACIÓN Y CONTROL
SOCIAL: Artículo 241. I. El pueblo soberano, por medio de la sociedad civil
organizada, participará en el diseño de las políticas públicas. II. La sociedad
civil organizada ejercerá el control social a la gestión pública en todos los
niveles del Estado, y a las empresas e instituciones públicas, mixtas y
privadas que administren recursos fiscales. Artículo 242. La participación y el
control social implica, además de las previsiones establecidas en la
Constitución y la ley: 1. Participar en la formulación de las políticas de
Estado. 3. Desarrollar el control social en todos los niveles del gobierno y
las entidades territoriales autónomas, autárquicas, descentralizadas y desconcentradas.”
Esto
en sí mismo causa escalofríos habida cuenta de que “la sociedad civil
organizada” boliviana, en acepción del régimen, está constituida por los
Sectores Sociales, las Bartolinas Sisa, y – cuándo no- la Confederación de
productores de hoja de coca del Chapare, ante quienes Evo Morales sujeta
anualmente el accionar de su gobierno.
Amparado
en la distracción ocasionada por la mayor ola de corrupción y extorsiones que
registra la historia de Bolivia –a las que no son ajenos los regímenes
socialistas del Siglo XXI- el gobierno de Evo Morales pergeña la Ley de
Participación y Control Social que implicaría, según el diputado de
Convergencia Nacional (CN), Alex Orozco, “excluir derechos de organizaciones tan
legítimas como los comités de vigilancia que son el brazo operativo de control,
fiscalización y seguimiento de los presupuestos de los municipios”. Pero las
dudas del legislador no llegan a tocar el meollo de lo que se pretende: implantar
un instrumento político-administrativo digitado por el centralismo para que
reste funciones e invada competencias, entrabe la gestión, haga inoperante las
autonomías y fagocite los recursos de las alcaldías y las gobernaciones. La
píldora viene “dorada” con el supuesto ejercicio directo del poder por el
pueblo, cuya voluntad expresada en sufragios universales, secretos y directos
-para elegir Alcaldes, Concejales y Gobernadores- en la práctica sería
suplantada por las aclamaciones asambleístas de los Sectores Sociales (SS)
afines al gobierno. Así, los clones de los nefastos Comités de Defensa de la
Revolución cubanos (CDR) tienen las
puertas abiertas para constituirse en las nuevas redes de control político, que
tal y como estamos viendo, también poseen una inaudita capacidad para
convertirse en instrumentos de extorsión contra la ciudadanía. Un virtual
“anillo al dedo” para un Evo Morales dispuesto a convertir Bolivia en un gran
sindicato cocalero similar a los que comanda desde hace más de veinte años.
Después
vendrán las comunas, cuando no haya señales de resistencia.
Hasta
ahora sólo se ha pronunciado en contra de la Ley de Participación y Control
Social, la Federación de Comités de Vigilancia, cuya solitaria voz parece
reducir el problema a un conflicto de intereses sectoriales. Pocos apuntan a
que el verdadero objetivo del gobierno, con leyes complementarias que vendrán
apareciendo en sobre cerrado para su aprobación por la Asamblea Legislativa
Plurinacional de amplia mayoría gobiernista, es la modificación estructural del
Estado boliviano para ponerlo al servicio de un proyecto fracasado de poder que
los hermanos Castro –en vez de aprovechar inteligentemente los recursos
usufructuados durante 14 años del manirrotismo de los socialistas del Siglo XXI
para cambiar su matriz económica y su modelo político insostenibles- se empeñan
obstinadamente en exportar hasta que el último de ellos exhale el último
suspiro.
No hay comentarios:
Publicar un comentario