Las prioridades
del gobierno se inclinan por comprar satélites; construir Casas del Pueblo;
adquirir costosos aviones y helicópteros para uso presidencial, o mantener la
lealtad de sus sectores afines (cocaleros) con inversiones sin retorno y a
resguardo de la lucha contra el narcotráfico con la cual nos apremian la
comunidad internacional y nuestros vecinos más cercanos. En materia de
distribuciones presupuestarias el 47,5% del PGE del año 2013 ha sido asignado a
las carteras de Defensa y Gobierno -sustentos del régimen – un escuálido 9,8%
para Educación y Salud, y 0,13 % para el Poder Judicial. Las inversiones productivas flotan en el Limbo mientras se pretende aumentar
y hasta inventar nuevos bonos destinados al clientelismo político.
Por
lo demás, estos siete años no han sido otra cosa que una sostenida campaña
electoral sustentada en millonarias propaganda y promoción gubernamentales
destinadas a recordarnos que el “proceso de cambio” nunca duerme. El censo no podría ser
considerado entonces, como una herramienta ascética y puramente técnica de
planificación, sino como otro instrumento de diseño del escenario político en
vista a los años electorales que se avecinan.
Proyecciones
preliminares indicaban que los índices de población habían sufrido grandes
variaciones, en vista de lo cual, aún en etapa de
empadronamiento, autoridades de Santa Cruz y El Alto exigieron al Gobierno se
proceda con la redistribución de recursos y la reasignación de escaños a la
Asamblea Legislativa en 2013. El líder cívico Celestino Condori afirmó que
Potosí rechazará el recorte de escaños y de recursos económicos. Declaraciones
del vicepresidente Álvaro García Linera y de la presidenta del Senado, Gabriela
Montaño, sostenían que esto era materia que “habrá que debatir más adelante”.
El ministro de Economía y Finanzas Públicas, Luis Arce,
explicó que para configurar el presupuesto con base a los datos del censo, se
necesitaba analizar los resultados finales que publicará el Ministerio de
Planificación entre junio y octubre de 2013, echando “sin querer,
queriendo” más leña a una fogata que probablemente explica por qué éste se
realizó un año después de lo que indicaba el cronograma censal, y un año antes
de las elecciones nacionales.
A estas alturas del partido muchos
considerarán que presumir un escenario de confrontación Oriente-Occidente por
recursos, o curules más o curules menos (objetivo político del gobierno para
generar espacios donde ha demostrado moverse como pez en el agua) es hilar
demasiado fino.
Pero la primera puntada proviene
precisamente de boca del Vicepresidente, quien el pasado 16 de noviembre, en ocasión de entregar
una cancha de pasto sintético –al parecer otra prioridad gubernamental- en la localidad de San Pedro de Buena Vista
(Potosí) expresó: “…
si algún día regresan los k’aras, los ricachones y patrones, ¡pobre Bolivia!;
hasta a las guaguas le van a quitar el bono Juancito Pinto; a los abuelos, la
renta dignidad. Porque así son ellos, solamente piensan en sus familias, no
piensan en el pueblo”. No
sería ejercicio de “mala leche” –sin restar un ápice al derecho de unos y otros
de reclamar lo que consideran justo- transpolar tales argumentos
vicepresidenciales en contra de los cambas oligarcas, neo liberales, vende
patria y separatistas, para recuperar la votación perdida por el gobierno en
Oruro, Potosí, La Paz y otras regiones, solidarias entre sí, ante la pérdida de
recursos y escaños en favor de tan viles destinatarios.
Al
parecer, los sastres gubernamentales, afanados en confeccionar un traje a la
medida de sus ambiciones de poder, no dan puntada sin hilo, pues ¿qué
perspectivas quedarían para lograr una oposición unificada? Ya los busca votos,
opositores y gobiernistas, están intentando aumentar los curules vía
modificación de la Constitución –un boquete abierto para otras modificaciones
constitucionales de profundización del proceso de cambio- y la Ley de Régimen
electoral. Por conducto de la última pueden incorporarse factores como las
poblaciones flotantes y la relación urbana-rural derivada de las consignas
sindicales que obligaron a censarse en sus aldeas de origen, a quienes habían
cambiado de residencia, con la amenaza de expropiar casas y tierras. “Los del INE –relataba una empadronadora- nos han capacitado un
día entero, sabemos qué hay que hacer.... Lo que haremos sí o sí será informar
a los señores del Censo. Pero después, también tenemos que avisarles a los de
la Junta de Vecinos en cuántas casas no había nadie”. Su mamá complementó que
todas esas personas “serán expulsadas, por decisión de todos”, continua la nota
periodística.
Pero
el censo ha abierto una caja de Pandora cuyas fuerzas pueden ser devastadoras.
Tendrán una titánica tarea los Gobernadores y Alcaldes masistas para explicar a
sus ciudadanos el por qué contemplaron genuflexos cómo el gobierno traspasaba
los recursos del IDH a las arcas centrales, concentraba más del 85% de los
recursos, y condenaba sus regiones a convertirse en zonas de expulsión de
bolivianos y bolivianas que emigraban en busca de mejores condiciones de vida.
El propio
gobierno deberá reflexionar seriamente su falta de credibilidad ante la
ciudadanía, habida cuenta de que un evento de importancia suprema, pero de ejecución
rutinaria, haya despertado tanta aprehensión y descrédito antes, durante y después
de su realización. De igual manera le será cuesta arriba explicar el por qué, los
ayoreos fueron censados sin la presencia de traductores en este Estado
Plurinacional indígena originario que exige el aprendizaje de idiomas nativos
para todos los funcionarios públicos. Otra cuenta deberá rendir ante el pueblo Weenhayek,
en la provincia Gran Chaco, que hasta dos días después de haber concluido la
jornada censal, no había sido empadronado, según reportes de Radio Pilcomayo de
Erbol.
Nunca estará
demás recordar que el gobierno del Estado Plurinacional contó para la
realización del censo 2012, con 7 años
–incluido un año de retraso- de gestión ininterrumpida desde 2006 hasta 2012. Durante
todo este tiempo, se diseñaron las boletas censales sin la participación de
personas con experiencia previa en tales avatares, ni representantes de la
sociedad civil capaz de realizar controles, fiscalización y garantías de
confiabilidad. Nadie conoce la identidad ni calificación técnica o académica de
quienes fungen como miembros del Comité Impulsor del Censo. Las boletas
censales fueron publicadas e impresas sin lugar a modificaciones, casi en forma
secreta, pocas horas antes de su distribución.
Todo este cóctel improvisado, al
costo de 20 millones de dólares de un total de 50 otorgados por el Banco
Mundial.
En contraste,
cada empadronador recibió el magro estipendio de 20 Bs. La organización logística
se realizó con instrumentos cartográficos obsoletos. Una consultora en el INE, quien rehusó ser
identificada, denunció que “todo
el proceso del censo fue perjudicado por la improvisación y la falta de
coordinación en la entrega de materiales… “Estaban los lápices pésimos…
nos han reclamado los mismos empadronadores…”. La jornada censal tropezó con la
insuficiencia y falta de boletas, y la ausencia de empadronadores. En varios
lugares se fotocopiaron credenciales, boletas censales y acreditaciones sobre
cuya validez nadie ha respondido hasta el momento. Imágenes de televisión
mostraron a empadronadores borrando y llenando boletas sin ningún control.
Para
cualquier gobierno serio, el censo constituye un instrumento que permite conocer el total
de la población y su composición etaria, su distribución geográfica; el empleo
y sus características; la vivienda, y el estado de situación de los servicios
públicos, además de otros datos de importancia capital. También los gobiernos
serios y responsables utilizan estos datos con el objetivo de redimensionar
metas, dar cambios de timón a las políticas públicas y comprobar los resultados
de determinadas líneas de gestión tanto a nivel del Estado central, cuanto departamental
y municipal, y en general, contar con indicadores confiables para la
planificación estratégica.
Sin embargo, en
opinión de muchos ciudadanos, los resultados del censo 2012 no modificarán en
nada las conductas ni el rumbo del gobierno enfrascado como está en el
“Socialismo del Siglo XXI” que tiene su propia ruta, cualesquiera sean sus
resultados. El censo tal y como marcha hasta ahora, servirá para confrontar una
vez más a los bolivianos y bolivianas con propósitos electorales.
Ojalá y no
seamos MAS durante la próxima re reelección de Evo Morales.
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