En
el MAS cohabitan mesianismos precolombinos y resabios de las dictaduras
militares; rancias tradiciones de la izquierda latinoamericana; marxismos
remozados y retazos de capitalismo de Estado; copias criollas de Goebbels;
fascismo, caudillismo y otras etcéteras. Todos ellos junto a indigenismos
importados del imperialismo culposo europeo, arrullados con nostálgicos
escritos de Eduardo Galeano y sazonados de populismo demagogo. Bajo una
estructura estalinista que no da lugar a discrepancias, el MAS cobija también
al neoliberalismo -que usa, cual comodín de la baraja, cuando las papas
socialistas amenazan con quemarse- y toda una fauna de bichos de uñas largas y
filosas que de vez en cuando sirven de chivos expiatorios para conjurar a los
dioses de la corrupción.
Desde
este pastel kitsch no puede salir otra cosa que un discurso confuso,
contradictorio y deformante llamado “proceso de cambio” que ha podido
mantenerse merced a la consigna, la mentira sostenida, el desembozado cinismo
de sus pregoneros, y la preocupante torpeza de sus opositores. Tampoco puede surgir
una conducta diferente al afán de acumular poder sin importar los costos
sociales e institucionales, y la destrucción del Estado de Derecho cuyo caos ha
logrado construir su propio orden interno: una red de redes donde duermen -en
el mismo lecho, juntos y revueltos- la
extorsión y los asuntos de Estado acunados por el “Patria o Muerte”.
Protegida por la institucionalidad avasallada, la
red se frotaba las manos con el regalo navideño anticipado del proyecto de Ley
de Extinción de Dominio de Bienes, cuando el caso Ostreicher
rompió la monotonía de la impunidad. Entonces, jueces, fiscales y funcionarios
de alto rango desfilaron cabizbajos en su nuevo rol de acusados, y para muchos
terminaba el perverso contubernio que ofrecía, como tributo al “proceso de
cambio” las libertades ciudadanas de los opositores, y las recaudaciones
fraudulentas como justa retribución por los servicios prestados a una causa de
"interés mayor".
Pero
la red estremeció sus contornos y cual araña cazadora surgió la Ministra de Transparencia y Lucha contra la Corrupción, Nardi Suxo: “solicitamos
al Fiscal General del Estado iniciar de oficio, los procesos contra las
autoridades de los cuatro órganos del Estado así como a todas las personas que
aseguran haber sido víctimas de extorsión y que hubieran entregado dádivas de algún
tipo a servidores públicos para obtener beneficios personales, pues esas acciones
también son consideradas como un hecho de corrupción, de acuerdo con el
artículo 158 del Código Penal”. La Ministra no dijo si tal solicitud
incluía la posibilidad de que los 39 acusados de terrorismo, el ex Gobernador
de Pando, los más de cien ciudadanos bolivianos que radican en el pequeño
pueblo de Epitaciolandia en calidad de refugiados por el caso Porvenir, y los
implicados en los más 36 juicios – donde los ex apoderados jurídicos del
Ministerio de Gobierno, figuraban como denunciantes- recibirían algún beneficio
especial por no haberse dejado atrapar en las telarañas de la extorsión.
El presidente de la Comisión de
Ética de la Cámara de Diputados, Evaristo Peñaloza, anunció investigar las
posibles influencias del diputado Héctor Arce Zaconeta para la contratación de
su concuñado José Manuel Antezana (otro miembro de la red), ex Director General
de Gestión Pública del Ministerio de la Presidencia. Zamarro ya, y luego de
consultar las hojas de coca, el Magistrado Gualberto Cusi declaró que “la investigación
no tocará a grandes masistas”. Entretanto, el Presidente Evo Morales afirmaba que uno de los implicados en la red
(Boris Villegas) era un infiltrado de la CIA. Nos falta escuchar -en ese
lenguaje plurinacional indígena originario campesino usado por el gobierno- que
Fernando Rivera Tardío pertenecía al FBI, Denis Rodas al Departamento de Estado
y entre los tres, urdieron una red capitalista-imperialista que persigue los
mismos objetivos del frustrado golpe de Estado cívico-prefectural y del terrorismo
separatista organizado y financiado por la derecha neoliberal.
Sobre
el silencio sepulcral del Defensor del Pueblo flota como una sombra de sospecha
el asesinato misterioso de Vicente Rocha, chofer y
testigo de descargo de Leopoldo Fernández. Los muertos en el Hotel Las Américas
se revolvieron en sus tumbas cuando Ignacio Villa Vargas, alias “El Viejo”, en
declaraciones a Erbol manifestó que “Eduardo Rozsa fue contratado por Raúl
García Linera con el propósito de eliminar al presidente Evo Morales y así
Álvaro García Linera obtener el poder”.
Con dos días de asueto navideño
adicional pasarán los apuros gubernamentales, las aguas del río volverán a su
cauce y el MAS no renunciará a su ambición totalitaria, madre de todas las
redes. Para sobrevivir los embates del pensamiento único sin ser aplastada por
los poderes públicos fundidos en un solo crisol de intolerancia, la oposición
continuará en su lenguaje acobardado y, mientras los murmullos no sean voces,
servirá al gobierno para mantener incólume su disfraz democrático, a sus
operadores políticos para conformar un ambiente de desconfianza, y a la red,
para ampliar los alcances de su telaraña.
Tal vez por eso, Percy
Fernández aún despierta pasiones en los barrios. Así, cargando a cuestas su ancianidad
física y mental, el Alcalde de Santa Cruz de la Sierra es el reflejo de una
sociedad cansada y prematuramente vencida por el centralismo
secante, la maniobra política del puñal bajo el poncho, la angurria del
poder de unos, y la sumisa contemplación de otros. En los
pasos vacilantes del Alcalde se mira a sí misma una región humillada, pero a
quien un día fuera el prototipo de la gente de estas tierras: francos,
abiertos, visionarios, y levantiscos portadores orgullosos de su insolente libertad.
Formidable opositor tendrá el
“proceso de cambio” cuando la ciudadanía recurra a la honestidad, la honradez, y
el respeto por la vida y la libertad. Valores que le dieron sentido e identidad
a este país pluricultural que escogió hace 30 años vivir en democracia. Valores
que perduran intactos en la conciencia colectiva pues no sufren, como las
personas, el desgaste del oportunismo. Entonces, los verdaderos procesos de
cambio, impulsados por
numerosas y diversas voluntades -cada una actuando legítimamente y sin
complejos en defensa de su propio interés- retornarán al escenario. A pesar de
las redes.
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