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Santa Cruz de la Sierra, Santa Cruz, Bolivia
Las actuales generaciones de bolivianas y bolivianos tienen ante sí la responsabilidad histórica de combatir la pobreza y corregir las injusticias sociales y económicas que nos legaron casi dos siglos de demagogia populista,desde la fundación de la República. No pueden consumir sus energías en el aprendizaje estúpido de vivir en dictaduras, sean éstas de izquierdas, derechas, indígenas, campesinas o cualquiera que secuestre las libertades ciudadanas con disfraces democráticos.

domingo, 10 de marzo de 2013

ENTRE MITO Y REALIDAD


El mito del caudillo contemporáneo se sustenta en la propaganda incesante acompañada de una verborrea mesiánica desplegada sobre el tinglado de “realidades virtuales” montadas a medida para suplantar la información veraz y evitar la confrontación con la “realidad real”. Recibe el sacrificio de sus venerantes que no acumulan méritos propios en aras a la exaltación del objeto de culto cuya simbología teológica se debe alimentar constantemente para medrar de ella. 
   
 “Quiso Dios formar de salvajes un gran imperio y creó a Manco Cápac; pecó su raza y lanzó a Pizarro. Después de tres siglos de explotación ha tenido piedad de la América y, os ha enviado a vos. Sois pues, el hombre de un designio providencial”, decía el boliviano José Domingo Choquehuanca en su conocida “Oración de Pucará” en honor a Simón Bolívar, una muestra de las raíces profundas de nuestra cultura política caudillista que ha perdurado hasta nuestros días a través de los siglos. 

El 8 de marzo, Elías Jaua, nuevo Canciller de la República Bolivariana de Venezuela, afirmó que el vicepresidente Nicolás Maduro debía asumir el cargo de Presidente cuando la falta absoluta se produzca mientras el primer mandatario está en funciones. Obviamente un contrasentido dada la muerte física de Hugo Chávez. Pero Jaua hacía eco a la decisión del Tribunal Supremo Electoral –en contraposición al art.233 de la Constitución Política- de aprobar la participación de Maduro en las elecciones -previstas también por la CPE- ostentando el doble papel de “Presidente Encargado” y candidato del oficialismo en ejercicio. El flamante Canciller argumentó entonces que Chávez "tenía 14 años mandando", lo que constituía una continuidad automática del período presidencial. 

Esto equivale a la aceptación tácita de que Chávez es inmortal -pretensión última de todos los caudillos- y la antesala para reducir el proceso electoral a una mera jornada plebiscitaria que aproveche al máximo la ola de sensibilidad provocada por la planificada orquestación de la enfermedad, padecimientos y muerte de Hugo Chávez. Cumplido esto, el objeto de culto ya no importaba. Para propios y extraños Chávez está por encima del bien y del mal que reina en el mundo de los mortales. Es inconmovible, e inútil. El nuevo mito será la “revolución bolivariana” ante quien nadie podrá oponerse sin recibir el merecido castigo por delitos de lesa patria.   

Pero, de ganar las elecciones Nicolás Maduro –como es previsible- las realidades “reales” configuradas por las ambiciones de quienes se consideran herederos del mito surgirán implacables sobre el proyecto continuista del “Socialismo del Siglo XXI”.  Diosdado Cabello, un ex militar que acompañó al caudillo en la intentona golpista de 1992, cultor de la línea nacionalista opuesta a la injerencia cubana y quien ve diluirse la oportunidad de dirigir el país al menos por un mes -según lo dicta la Constitución- no se mantendrá eternamente tranquilo sin mover fichas a su favor. Desde el petrolero Estado Zulia, Francisco Javier Arias Cárdenas, otro compañero de armas y de aventuras golpistas, espera su oportunidad de saltar al estrado de los delfines. Adán Chávez, hermano mayor de Hugo, reclama su “hijuela” alentado porque el primer acto gubernativo del “Presidente encargado” consistió en designar a Jorge Arreaza –hijo político de Hugo Chávez- como vicepresidente de la República, en línea de una “familia real” con prerrogativas de sucesión hereditaria.

Otros desafíos para Maduro serán convencer a los venezolanos de que los desastres de la economía provienen exclusivamente de acciones contrarrevolucionarias opositoras y no de la gestión manirrota del Comandante; enfrentar al 45% del electorado que apoya a Capriles; y capear las crecientes demandas de la población que ve diluirse sus aspiraciones de gozar la bonanza petrolera que nunca le alcanzó. Todo en medio de la presión militar divida entre los que se resisten a la injerencia cubana -que a estas alturas ha conformado su propio espacio de acción autónoma para no perder los 100.000 barriles diarios de petróleo y el flujo de recursos financieros que oxigenan la economía de su revolución- y los que siguen a pie juntillas el proyecto chavista tutelado por los isleños. 

Si la balanza electoral se inclina por Capriles, éste deberá sortear un Parlamento adverso, los mismos problemas económicos y la presión social que se extenderá hasta las calles. 

Días oscuros se avecinan por el Norte del Sur de nuestra América. No se vislumbra viabilidad para una revolución sin Chávez, con petrodólares menguados y con los Castro tratando de dar respiración artificial a su propia revolución moribunda. Tampoco asoma con nitidez una gobernanza sin el chavismo. Esperemos el nacimiento de un nuevo intento de convivencia pacífica como lo fuera alguna vez el añejo “Pacto de Punto Fijo”. Hasta que surja otro mitómano regalando espejitos.

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