Probablemente la Disposición Transitoria Primera (inciso ii) de la actual
Constitución Política del Estado Plurinacional que dice textualmente: “Los
mandatos anteriores a la vigencia de esta Constitución serán tomados en cuenta
a los efectos del cómputo de los nuevos periodos de funciones”, es ampliamente
conocida por los bolivianos y bolivianas que observan incómodos los intentos
del Presidente Evo Morales por ver legitimada su re reelección para un nuevo
período constitucional. Pocos recordarán probablemente que dicha disposición -realizada
por el Congreso en octubre de 2008- aprobada en el referendo constitucional del
15 de enero 2009, modificaba lo sancionado por la Asamblea Constituyente en
2007: “Los mandatos anteriores a la vigencia de esta Constitución no serán tomados en cuenta a los
efectos del cómputo de los nuevos periodos de funciones”.
Una “maniobra
envolvente” –Vice Presidente dixit– pretende zanjar el asunto al interpretar
mañosamente que la CPE sería aplicable recién a partir del 22 de
enero de 2010, con la renovación de los poderes públicos. Lo cual equivale a
decir que desde 7 de febrero de 2009 hasta el 22 de enero de 2010, el país
estuvo flotando en un limbo constitucional donde todo acto administrativo de
las autoridades podría ser juzgado como nulo, pues la Disposición Final de la actual
CPE reza que ésta “(…) entrará en vigencia el día de su publicación en la
Gaceta Oficial.” indicando al mismo tiempo, la aplicación de su eficacia
normativa.
Ahora,
los afanes reeleccionistas de Morales han elevado la materia a consulta ante el
Tribunal Constitucional Plurinacional, junto a las facturas de lealtad, habida
cuenta de que los tribunos fueron elegidos por el gobierno a través de su brazo
legislador en la Asamblea Plurinacional y “legitimados” por votación popular
que logró menos del 30% de aprobación de los votantes.
Materia tan importante
debería ser resuelta en el marco del Artículo 7 de la CPE: “La soberanía reside en el pueblo
boliviano (…) es inalienable e imprescriptible”, y el Artículo 11, inciso II.) “La democracia se ejerce de las
siguientes formas, que serán desarrolladas por la ley: 1. Directa y
participativa, por medio del referendo, la iniciativa legislativa ciudadana, la
revocatoria de mandato, la asamblea, el cabildo y la consulta previa…”. Esta es la misma soberanía a la que se acudió en el
referendo constitucional del 15 de enero de 2009.
Como puede verse, no existen “maniobras envolventes”
si todo se hace en el marco de la Constitución que costó vidas humanas, meses
de tensión social, cuantiosos recursos económicos y sobre todo, un ambiente de
división entre los bolivianos que pareciera seguir flotando a medida en que las
ambiciones de perpetuación en el poder pasan por encima de las leyes, o las corrompen
para servirse de ellas.
Los que se van y
los que se quedan
“Triste
suerte la de nuestra América…”, decía el desaparecido escritor y humanista
venezolano Arturo Uslar Pietri, “…sus grandes hombres murieron jóvenes como
Bolívar, como Sucre, como Martí. Sus dictadores, longevos…” La reflexión viene
a cuento por la determinación de Benedicto XVI -el principal hombre de la
Iglesia Católica en el mundo- quien en acto de suprema responsabilidad, ha
decidido retirarse para dejar su lugar a otro Papa con mayor fuerza para
enfrentar los desafíos contemporáneos de la Iglesia. Entretanto, Rafael Correa
busca la re elección en Ecuador, Hugo Chávez sacrificó el resto de su salud y
la salud económica, social y política de sus ciudadanos en una tercera
reelección cuyos beneficios ejercen sus albaceas políticos. Ortega va por el
mismo camino en Nicaragua, y Evo Morales busca lo suyo a pesar de la
Constitución boliviana. Cristina Kirchner con seguridad, no resistirá la
tentación.
En la hora de las
sombras largas
Los
recientes acontecimientos que vive el país han desempolvado, con razón, los
pedidos recurrentes de mayores y más estrictas penas contra violadores y
asesinos de mujeres. La figura del feminicidio vuelve a la palestra reforzada
porque el más paradigmático de estos hechos fue perpetrado por un miembro de la
Policía Nacional, integrante de una fuerza de élite (UTARC) que sirviera al
gobierno plurinacional para acometer contra los supuestos “terroristas”
comandados por Rózsa. La reciente víctima, Hanalí Haycho –una periodista- había
reportado 5 denuncias previas por malos tratos sin ser escuchada por las
autoridades. Dos camaradas del victimario, el Capitán Walter Andrade y Marilyn
Vargas Villca, también miembros de la UTARC, y probados confidentes del gobierno
en el caso Rózsa, gozan de sendos exilios dorados en alguna legación extranjera
cobijados por la ALBA. Ya las aguas habían arrastrado consigo la masacre de El
Porvenir, y revolcado los abusos de Chaparina. Ya las redes de extorsión que
ejercían violencia desde el Ministerio de Gobierno se habían acallado,
misteriosamente arropadas por un “silencio procesal” cargado de sospechas,
cuando surgieron las voces de nuevas víctimas a pesar de los intentos por
mantener las cosas bajo siete llaves.
Pero se
había sedimentado la sensación de que la violencia provenía de victimarios -de
una u otra forma- portadores de algún tipo de autoridad.
Como
individuos estamos expuestos a modelos de violencia en sus diversas
manifestaciones. El hogar, la familia, las tradiciones, pueden ser portadoras
de hábitos violentos, pero la vida en sociedad nos corrige. Las sociedades
contemporáneas parecen percibir la violencia con mayor sensibilidad pues la información
de que se dispone hace consciente al individuo sobre sus derechos, al ejercicio
de sus libertades, y no sólo a defender la vida como acción instintiva. Si ésta
percepción no es acompañada por las autoridades, por las instituciones del
Estado, la violencia pasa a la actitud permanente y arraiga como cultura.
La
violencia a menudo está estrechamente vinculada con el poder, con la potestad
de imponer la voluntad sobre los demás por la fuerza. No es casualidad que
donde existen regímenes autoritarios la violencia se manifieste desde el Estado
con el uso desproporcionado y abusivo de la fuerza, o que la misma sociedad irrumpe
y rebase esta capacidad de contención, ya sea traducida en inseguridad ciudadana,
o en violencia callejera y doméstica.
Como
ejemplo, en 2012 Venezuela registró 21.800 muertes violentas producto de la inseguridad
ciudadana –más de 59 por día- y recientemente la Fundación Nueva Democracia, en
estudio realizado durante septiembre 2011 y septiembre 2012, contabilizó 733
violaciones de los derechos humanos en Bolivia –casi tres por día, sólo en
materia de derechos civiles y políticos- sin contar los casos de Leopoldo
Fernández, el asilo político al que fuera obligado Roger Pinto, los 39 imputados
por el caso Rózsa, los muertos de La Calancha, Huanuni, Hotel las Américas, ni los
abusos perpetrados en Chaparina. No hay datos oficiales de Cuba pues la
revolución abolió, hace 54 años, todos los derechos que podían ser violados por
la dictadura.
Evo
Morales prometió convertir Bolivia en un país similar a suiza en 10 años. Ya
pasan siete ¿apostamos a los tres restantes?
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