El discurso presidencial
celebrando los 4 años de existencia del Estado Plurinacional empezó con un
curioso paseo por la historia. Evo Morales se refirió a los golpes de Estado de
los 80’s, como si éstos hubieran contado con la total aprobación de los actores
políticos de la época. No dijo que, tanto García Meza, como su segundo al
mando, fueron condenados a 30 años de prisión sin derecho a indulto, y que los
bolivianos habíamos recuperado la democracia no por inercia histórica, sino por
voluntad y vocación democrática.
Habló de la inestabilidad
política. Ni una palabra acerca de los bloqueos de carreteras; sitiajes al
Congreso Nacional para obligar decisiones; enfrentamientos armados en los
campos cocaleros, y tantas hazañas del MAS opositor que hicieran de Bolivia un
país ingobernable. Morales no dijo que el bochinche fue tal, que muchos
apostaron con su voto a que -con el bloquedor gobernando- vendría la anhelada
tranquilidad al país.
Morales pasó a resaltar la
“bonanza” económica resultante de las políticas nacionalizadoras emprendidas
por el Proceso de Cambio. No dijo que ésta es herencia de la privatización
empezada en los años 90’s cuyos campos y pozos gasíferos permiten la producción
actual que se vende al Brasil, mercado abierto por contratos suscritos también
durante los gobiernos neoliberales. No dijo que los precios del gas, antes a
0.90 cts. escalaron a más de diez dólares americanos en virtud a las leyes de
Oferta y Demanda (principales leyes del Capitalismo del que tanto abomina).
Tampoco dijo que su gobierno es beneficiario de la Ley de Hidrocarburos
promulgada por Hormando Vaca Díez.
Como era de esperarse, el
Presidente embistió contra el Imperio pero no dijo que Yungas y Chapare han
recibido -por concepto de erradicación de cultivos de coca excedentaria y
Desarrollo Alternativo- más del monto que el Plan Marshall dispusiera para
recuperar la economía de la
Europa post Segunda Guerra Mundial.
Morales reconoció deficiencias
en sus planes de industrializar los recursos naturales. Nos quedamos esperando
a que nos diga si la instalación de la fábrica de úrea en el Chapare –tan
distante de los mercados agrícolas nacionales y brasileños- proporciona
ventajas comparativas para que esta producción sea absorbida por los
cercanísimos sembradíos cocaleros. En materia de corrupción el Presidente no
dijo si este flajelo había disminuido con la contratación y la compra por
adjudicación directa de obras, bienes y servicios, y con un ex Diputado del
partido de gobierno fungiendo como Contralor General. Pareciera que haber
declarado que sus Ministros son incorruptibles había bastado para despejar
cualquier duda.
Morales leyó un larguísimo
conjunto de cifras para exponer logros económicos sin decir el por qué finanzas
públicas tan bonancibles se acompañan del mayor endeudamiento histórico del
Estado. No dijo que Bolivia aùn es considerado el país más pobre del Continente
superando únicamente a Haiti, un país sin recursos, asolado por fenómenos
naturales y que comparte una pequeña isla caribeña junto con República
Dominicana.
Morales no dijo si la
inseguridad reinante en nuestras ciudades es el “menor de los males” frente a
la alternativa de combatir abierta y decididamente al narcotráfico, lucha que
podría derivar en un estado de situación similar al de Mexico, habida cuenta
del crecimiento del poder, penetración social, y recursos acumulados por esta
actividad durante los últimos años.
No dijo mucho sobre la Justicia , no habló del
deterioro creciente de los Derechos Humanos, del Estado de Derecho y la Libertad de
Expresión. Morales no dijo que la inclusión de la que hace gala, es una cadena
que empieza discriminando entre mestizos e indígenas de Tierras Altas y Tierras
Bajas, pretende “descolonizar” lo europeo, termina imponiendo la visión aimara
sobre la plurinacionalidad, y conforma a la periferia -convertida en sectores
sociales- otorgándole impunidad de facto.
Preocupa lo que dijo y lo que
no dijo el Presidente.
Reconocer falencias en su
gestión pero mantener inalterado su equipo ministerial, es señal de que el MAS
carece de figuras de relevo y nos espera más de lo mismo. Morales no dijo si
terminaremos pagando facturas por beneficios que la mayoría de los bolivianos
sólo encuentran en los discursos presidenciales.
Tal parece que no son suficientes
cuatro horas y treinta y ocho minutos para que Morales diga lo que no dijo.
S
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